La asombrosa bicicleta mágica de los pensamientos

Había una vez, en el pueblo de Brillaviento, un niño llamado Carlitos que tenía el cabello despeinado, rodillas siempre raspadas y una imaginación más grande que el cielo. Pero también tenía un problema: sus pensamientos eran un poco… gruñones.

Cuando se le caía el helado, pensaba: “¡Qué mala suerte tengo siempre!”
Si llovía el día del paseo escolar: “Seguro que todo saldrá mal.”
Si un ejercicio era difícil: “Yo no puedo.”

Y lo más raro era que, mientras más pensaba así, más cosas parecían salirle mal. O al menos eso creía.

Una tarde, mientras caminaba pateando una piedra con cara de tormenta, encontró algo extraño en el parque: una bicicleta vieja, apoyada contra un árbol, con un letrero que decía:

“Bicicleta Pensadora. Funciona según lo que piensas.”

—Ajá… claro —murmuró Carlitos—. Seguro también vuela y hace pizza.

Pero como no había nadie mirando (y porque era muy curioso), se subió.

—Seguro que ni avanza —pensó.

La bicicleta hizo: CRRRRR… y se movió tan lento que una tortuga los pasó y saludó con la patita.

—¡Oye! —dijo Carlitos—. A ver…

Respiró hondo y pensó: “Bueno… tal vez sí funciona. Podría ser divertido.”

La bici hizo: ¡FIIIIIUUUM! y salió disparada como cohete.

—¡¡¡AAAAAHHHH!!! ¡¡¡SÍ FUNCIONA!!!

La bicicleta lo llevó por un camino que Carlitos nunca había visto. Llegaron a un bosque con árboles de colores, ríos que hacían cosquillas al sonar, y ardillas con sombrero.

—Bienvenido al Territorio de los Pensamientos —dijo una voz aguda.

Frente a él apareció una criatura redonda y esponjosa, como una nube con ojos enormes.

—Soy Luma, recolectora de ideas. Y tú, humano, tienes la cabeza llena de nubarrones.

—¿Qué? ¡No! Bueno… un poco —admitió Carlitos.

De pronto, el suelo tembló. Desde detrás de unas rocas salieron unos monstruitos grises, bajitos y peludos, con cara de limón chupado.

—¡Son los Gruñis! —susurró Luma—. Se alimentan de pensamientos feos.

Un Gruñi saltó sobre la rueda de la bici.

—¡Seguro que te caes! —chilló.

Carlitos pensó: “¡Es verdad! ¡Me voy a caer!”

La bici se tambaleó.

—¡No! —gritó Luma—. ¡Cambia el pensamiento!

—Ehh… ¡puedo mantener el equilibrio! —pensó Carlitos con fuerza.

La bici se estabilizó.

Los Gruñis chillaron.

—¡Prueben con otro! —ordenó uno más grande—. ¡Díganle que no puede!

—¡No puedes! ¡No puedes! ¡No puedes! —coreaban.

Carlitos sintió un nudo en la panza. Pero recordó algo: cuando aprendió a andar en bici de verdad, también se cayó… y luego lo logró.

Puedo intentarlo. Y si me caigo, me levanto. —pensó.

¡PUM! Un rayo de luz salió de su cabeza y convirtió a un Gruñi en una mariposa.

—¡Funcionó! —dijo Carlitos.

—¡Los buenos pensamientos los transforman! —explicó Luma—. ¡Rápido, al Valle del Eco!

Pedalearon hasta un valle donde cada pensamiento se escuchaba en voz alta.

—Este lugar amplifica lo que hay en tu cabeza —dijo Luma.

Pero el jefe Gruñi apareció, enorme como una pelota gigante de pelusa triste.

—Yo soy Don Refunfuño —gruñó—. Y este niño es perfecto para mi colección de preocupaciones.

El cielo se puso gris.

Carlitos pensó: “Esto es demasiado. No puedo con esto.”

El valle repitió con eco:
“No puedo… no puedo… no puedo…”

Don Refunfuño creció más.

Luma flotó frente a Carlitos.

—No se trata de fingir que todo es perfecto. Se trata de elegir pensamientos que te ayuden, no que te hundan.

Carlitos tragó saliva. Miró sus manos temblorosas.

—Estoy asustado —dijo—. Pero… he hecho cosas difíciles antes. No estoy solo. Puedo pensar algo mejor.

Cerró los ojos.

“Soy valiente aunque tenga miedo.”
“Puedo buscar soluciones.”
“Esto también puede ser una aventura.”

El valle respondió:

“Valiente… soluciones… aventura…”

Rayos de colores salieron disparados. Don Refunfuño empezó a encogerse.

—¡Noooo! ¡Piensa que todo saldrá mal! ¡Que eres un desastre! —gritaba.

Pero Carlitos ya estaba de pie sobre los pedales.

—¡Oye, Refunfuño! ¡Mi cabeza no es tu casa!

Con un último pensamiento fuerte —“Elijo ideas que me ayuden”—, el monstruo explotó en miles de luciérnagas brillantes.

El cielo se volvió azul. Los Gruñis restantes se transformaron en conejos saltarines que se pusieron a jugar.

Luma aplaudió.

—Acabas de descubrir el secreto del Territorio de los Pensamientos.

—¿Que mi cerebro es raro? —preguntó Carlitos.

—Que tus pensamientos son como semillas. Lo que plantas… crece.

La bicicleta empezó a brillar.

—Es hora de volver —dijo Luma—. Pero puedes usar esto en tu mundo.

Carlitos parpadeó… y estaba otra vez en el parque.

Un balón rodó hasta sus pies. Unos niños lo miraban.

—¿Quieres jugar? —preguntaron.

Antes habría pensado: “Seguro juego mal.”

Pero sonrió.

Puedo divertirme aunque no sea perfecto. —pensó.

Y corrió tras el balón, riendo como si llevara luciérnagas en el pecho.

Y colorín colorado, así Carlitos entendió que la felicidad no depende solo de lo que pasa afuera, sino de lo que decides pensar por dentro. Si cuidas tus pensamientos, ellos cuidarán tu felicidad.

¿Te has quedado con ganas de otro cuento?. Haz clic aquí para leer más cuentos

Síguenos para conocer las últimas publicaciones en Instagram

Related Posts

Las aventuras de los corazones que hablan en Brisamar

  En el colorido pueblo de Brisamar vivía una niña llamada Mía, famosa por dos cosas: su risa contagiosa y su mochila mágica. Bueno… en realidad la mochila no era mágica, pero Mía decía que sí, porque siempre guardaba cosas inesperadas: una cuchara, una…

El gran pastel volador de Valentín

  Había una vez un niño llamado Valentín que vivía en el colorido pueblo de Risalandia, un lugar donde los árboles cantaban, las calles olían a chocolate y los gatos usaban sombreros de copa (aunque ellos mismos decían que los sombreros eran opcionales). Valentín…

Hoy toca leer:

La asombrosa bicicleta mágica de los pensamientos

La asombrosa bicicleta mágica de los pensamientos

Las aventuras de los corazones que hablan en Brisamar

Las aventuras de los corazones que hablan en Brisamar

El gran pastel volador de Valentín

El gran pastel volador de Valentín

La calle del mismo nombre

La calle del mismo nombre

El dragón que prometió no comerse a nadie en Año Nuevo

El dragón que prometió no comerse a nadie en Año Nuevo

El Misterioso Caso del Polvito de Risa

El Misterioso Caso del Polvito de Risa

La Gran Misión de la abuela y los tres despistados

La Gran Misión de la abuela y los tres despistados

Don Pompón y la divertida Fiesta Congelada

Don Pompón y la divertida Fiesta Congelada

Lupa y el bosque de los tropiezos

Lupa y el bosque de los tropiezos

La gelatina más incómoda del mundo

La gelatina más incómoda del mundo

La Pistola Mágica Multilocuras de Don Pepino Rododendro

La Pistola Mágica Multilocuras de Don Pepino Rododendro

Patricio Plumón y el Reino de los Mocos

Patricio Plumón y el Reino de los Mocos

La Gran Carrera Dino-Turbo

La Gran Carrera Dino-Turbo

El gatito que aprendió a volar

El gatito que aprendió a volar

El hada que olvidaba todo

El hada que olvidaba todo