El gran pastel volador de Valentín

 

Había una vez un niño llamado Valentín que vivía en el colorido pueblo de Risalandia, un lugar donde los árboles cantaban, las calles olían a chocolate y los gatos usaban sombreros de copa (aunque ellos mismos decían que los sombreros eran opcionales).

Valentín tenía una ilusión enorme: quería ganar el Gran Concurso de Pasteles Voladores. Sí, sí, ¡voladores! Porque en Risalandia, no solo se cocinaban pasteles, sino que también podían despegar como cohetes si se les echaba el toque secreto de azúcar arcoíris.

Cada día después del colegio, Valentín practicaba en la cocina. Mezclaba harina que bailaba sola, huevos que saltaban como resortes y azúcar que hacía plop-plop cada vez que caía en el bol. Su perro, Piruleta, siempre le ayudaba, aunque la mayoría de las veces terminaba cubierto de crema de vainilla de pies a cabeza.

Finalmente, llegó el día del concurso. Valentín estaba más emocionado que un pez viendo una pecera llena de gelatina. Su pastel era gigantesco, tenía forma de dragón y ¡hasta lanzaba chispitas de chocolate al volar! Todos los niños del pueblo se reunieron para ver quién ganaría.

—¡Que empiece la competencia! —anunció la Señora Remolino, la alcaldesa que siempre llevaba medias de rayas y sombreros extravagantes con plumas de pavo real.

Uno por uno, los pasteles despegaron del suelo como si fueran cohetes de verdad. Todos volaban, giraban y lanzaban dulces al aire. Valentín estaba listo, con el corazón latiendo como un tambor de carnaval.

—¡Ahora es mi turno! —gritó, y presionó el botón mágico de su pastel.

El pastel de Valentín empezó a elevarse, girando y brillando con todos los colores del arcoíris. ¡Era perfecto! Los niños aplaudían, los gatos con sombrero aullaban de emoción y hasta las flores daban saltitos.

Pero, de repente… ¡PLAF!

Un viento travieso apareció de la nada y arrastró el pastel de Valentín hacia el río Chicle, donde los patos, que eran conocidos por ser los “guardianes del río”, lo atraparon con sus picos y empezaron a pelearse entre ellos como si el pastel fuera un tesoro.

Valentín se quedó boquiabierto. Su pastel… desaparecido.

—¡Mi pastel! —lloró mientras Piruleta le lamía la cara tratando de consolarlo.

Por un momento, Valentín se sintió como un globo pinchado, triste y aplastado. Pensó que todo estaba perdido y que nunca podría ganar el concurso.

Pero entonces recordó algo que su abuela siempre le decía:

—Valentín, a veces la vida te quita lo que más quieres… pero eso no significa que tu momento no llegará.

Valentín respiró hondo, se sacudió la harina de la ropa y decidió no rendirse. Si su pastel había volado, ¡él también podía volar de otra manera!

Corrió hacia la cocina improvisada que tenía en el parque y comenzó a mezclar nuevos ingredientes: harina saltarina, leche que cantaba y una pizca de risa pura. Piruleta lo miraba con ojos brillantes y meneaba la cola con entusiasmo.

—¡Esta vez será aún mejor! —dijo Valentín, mientras su pastel empezaba a tomar forma. Esta vez no sería un dragón, sino… ¡un unicornio gigante que podía bailar salsa mientras volaba!

Cuando volvió al concurso, todos se sorprendieron al ver su nuevo pastel. La Señora Remolino levantó las cejas y dijo:

—Bueno, esto es… inesperado. ¡Veamos si puede despegar!

Valentín apretó el botón mágico y… ¡ZAS! El pastel unicornio salió disparado, dando vueltas, lanzando confeti, haciendo piruetas y, para sorpresa de todos, ¡bailando salsa en el aire! Los niños reían tanto que algunos incluso rodaban por el suelo de la risa.

Los patos del río Chicle miraban con celos desde lejos, porque su “tesoro” no podía competir con un unicornio bailarín.

Al final, el jurado, compuesto por gatos con sombrero, abejas bailarinas y un conejo con lentes, aplaudió y coronó a Valentín como el ganador del Gran Concurso de Pasteles Voladores.

Valentín estaba tan feliz que casi no cabía en su propio sombrero. Piruleta saltaba sobre su cabeza, y hasta los árboles cantaban más fuerte de lo normal.

—¡Lo logré! —dijo Valentín con una sonrisa enorme—. ¡Mi momento llegó!

Y aunque al principio todo parecía perdido, Valentín comprendió algo muy importante: a veces las cosas que más deseamos no llegan como esperamos, pero con esfuerzo, creatividad y valentía, siempre podemos encontrar otra oportunidad.

Y colorín colorado, hoy hemos aprendido que a veces perdemos lo que más queremos, pero si somos valientes, y seguimos intentándolo, nuestro momento perfecto llegará… y probablemente de una manera aún más increíble de lo que imaginamos.

¿Te has quedado con ganas de otro cuento?. Haz clic aquí para leer más cuentos

Síguenos para conocer las últimas publicaciones en Instagram

Related Posts

La asombrosa bicicleta mágica de los pensamientos

Había una vez, en el pueblo de Brillaviento, un niño llamado Carlitos que tenía el cabello despeinado, rodillas siempre raspadas y una imaginación más grande que el cielo. Pero también tenía un problema: sus pensamientos eran un poco… gruñones. Cuando se le caía el…

Las aventuras de los corazones que hablan en Brisamar

  En el colorido pueblo de Brisamar vivía una niña llamada Mía, famosa por dos cosas: su risa contagiosa y su mochila mágica. Bueno… en realidad la mochila no era mágica, pero Mía decía que sí, porque siempre guardaba cosas inesperadas: una cuchara, una…

Hoy toca leer:

La asombrosa bicicleta mágica de los pensamientos

La asombrosa bicicleta mágica de los pensamientos

Las aventuras de los corazones que hablan en Brisamar

Las aventuras de los corazones que hablan en Brisamar

El gran pastel volador de Valentín

El gran pastel volador de Valentín

La calle del mismo nombre

La calle del mismo nombre

El dragón que prometió no comerse a nadie en Año Nuevo

El dragón que prometió no comerse a nadie en Año Nuevo

El Misterioso Caso del Polvito de Risa

El Misterioso Caso del Polvito de Risa

La Gran Misión de la abuela y los tres despistados

La Gran Misión de la abuela y los tres despistados

Don Pompón y la divertida Fiesta Congelada

Don Pompón y la divertida Fiesta Congelada

Lupa y el bosque de los tropiezos

Lupa y el bosque de los tropiezos

La gelatina más incómoda del mundo

La gelatina más incómoda del mundo

La Pistola Mágica Multilocuras de Don Pepino Rododendro

La Pistola Mágica Multilocuras de Don Pepino Rododendro

Patricio Plumón y el Reino de los Mocos

Patricio Plumón y el Reino de los Mocos

La Gran Carrera Dino-Turbo

La Gran Carrera Dino-Turbo

El gatito que aprendió a volar

El gatito que aprendió a volar

El hada que olvidaba todo

El hada que olvidaba todo